viernes, 12 de agosto de 2011

Paradigmas y ética profesional

Un paradigma es un conjunto de creencias aceptadas como válidas por un grupo específico que determina intenciones, prácticas, actitudes y omisiones concretas, su sentido y su razón de ser. Los paradigmas se arraigan en la mente (y por qué no decirlo, en el corazón) de los sujetos porque facilitan el entendimiento del mundo, al explicarlo de un cierto modo. Es prácticamente imposible constituirse indiferente a los paradigmas, porque aún si nuestro mundo se explica en función del imaginario social, sin que en esta explicación hubiese mayor información de alguna clase, éste imaginario también representa un paradigma. Por supuesto que los profesionales de la educación, en virtud de que nos declaramos a nosotros mismos como tales, estamos comprometidos a pensar y actuar en función de paradigmas que resultan de la información sistemática, de la sensibilidad a los cambios en el tiempo y en el contexto y de la conciencia de que nuestra responsabilidad consiste en ser capaces, precisamente, de responder a las necesidades de las sociedades en el mundo futuro y a transformarlas (a las sociedades) en sentido positivo.
En este sentido es que la evolución hacia un paradigma de la enseñanza universitaria en el que las tecnologías de la información y la comunicación  es un componente central de la vida académica; cobra importancia para las instituciones formadoras de docentes en México.
No es un asunto de buenas intenciones, ni de disposición, ni siquiera puede considerarse como una cuestión de benevolencia el los paradigmas de enseñanza universitaria en que se basan las instituciones formadoras de docentes evolucionen hacia el reconocimiento de la importancia y el valor que tienen las tecnologías de la información y la comunicación hoy y tendrán en el futuro: Es, mucho más que eso, un asunto de ética profesional.

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